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Argentina es el segundo país que más deuda emitió en 2017. ¿Quién la paga?

Después de Arabia Saudita, la Argentina fue el mayor emisor de deuda a lo largo de 2017, con casi 17 mil millones de dólares que incluyen el polémico bono a un siglo.
El dato surgió de un informe de la empresa Thomson Reuters.

Un Informe de UMET advierte que el sobreendeudamiento público no es sostenible en el tiempo, porque la economía sigue estancada y se continúa otorgando reducciones impositivas a sectores con capacidad de pago a través de la eliminación de retenciones agropecuarias y mineras y la reducción del impuesto a las Ganancias y a los Bienes Personales.

¿A qué se expone el país por la emisión de tanta deuda pública?
Para comprender, sirve considerar tres criterios básicos y elementales a la hora de juzgar el endeudamiento público: 1) la sustentabilidad económica del endeudamiento o capacidad de repago; 2) la aplicación de los recursos al crecimiento y el desarrollo económico; y 3) el resguardo de la soberanía y el interés nacional.

La sustentabilidad del endeudamiento significa que la deuda contraída pueda ser pagada de manera genuina; es decir, que pueda ser cancelada sin tomar nueva deuda. Tal situación dista mucho de las posibilidades reales del país. Sin lluvia de inversiones el gobierno deberá recurrir nuevamente a la emisión de deuda para pagar intereses de la deuda; un círculo vicioso de peligroso desenlace.

Otra característica que tampoco cumple el perfil del endeudamiento actual, es la aplicación de los recursos al crecimiento y el desarrollo económico. El proceso de endeudamiento externo se orientó a financiar la remisión de divisas al exterior y la fuga de capitales.

Respecto al resguardo de la soberanía y los intereses nacionales, existen argumentos para pensar que el proceso de endeudamiento público que está impulsando el actual gobierno, está notablemente alejado del bienestar general del conjunto de los argentinos, y amenaza por el contrario, la vigencia de una estructura pública de sustento a los sectores más vulnerables.

Si la economía no recupera su mercado interno, al mismo tiempo que se financia la especulación financiera con nuevo endeudamiento público, las perspectivas de un crecimiento con desarrollo e inclusión social son cada vez menos probables.

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