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Con un municipio que no cobija, el frío y la situación de calle golpea a la ciudad de María y del Acero

San Nicolás es otro de los lugares donde alguien murió de frío, como relata Juan Carr.

Al hambre y al frío lo combaten en la ciudad algunas iglesias evangelistas; grupos de vecinos y vecinas, ongs, y salvo Barrio Colombo, las comisiones vecinales no abren las puertas de sus salones comunitarios para albergar personas en situación de calle o con hambre, por orden municipal.

Ver niños en las esquinas, pidiendo una moneda y con poco abrigo, corta el aire. No son hijos de los planes sociales, son hijos de la ciudad que se vanagloria de las baldosas del centro y la obra pública, y está ausente en la pobreza que supieron conseguir.

Una ciudad sin empleo, donde cada día se desocupa un local, donde por primera vez hay más de cien comedores a los que asisten a un número creciente de niños y donde no siempre alcanza para dar de comer a los papás.

Chicos con hambre que se multiplican cada día y una ciudad donde no existe planificación ni datos. Con una funcionaria de acción social que aspira a ser senadora, que aportó a la campaña del PRO, y una prodenya que no recorre la ciudad en busca de niños.
Sólo nos queda un joven aspirante a gobernar sin la tutela del padre pero que reina entre el enriquecimiento ilícito, los autos oficiales y los viáticos públicos, pero que se llena la boca hablando de las sesenta obras públicas de la ciudad, y entre ellas no menciona al hambre y la desocupación, que es el frente con el que más deuda tiene la familia Passaglia desde que gobierna.

Una estadística que nos debiera doler a todos, incluído Cáritas que no está de campaña…

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