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El intendente que denuncia a la justicia que lo investiga

El intendente y el poder político, al abrigo de ambiciones desmedidas de poder o por necesidad de impunidad, condiciona e intentó someter a la justicia

Otra embestida de Passaglia contra la justicia y el Fiscal que lo investiga.

La extorsión de los poderosos es una forma de naturalizar la dominación que detentan los corruptos como parte de su cultura criminal, que ocurre bajo los modos de ataques comunes y conocidos y que se vuelven una característica nociva que atraviesa la vida diaria de los ciudadanos de nuestra ciudad.

No es una crónica policial tampoco es una crónica Judicial, es otra de las tantas atropelladas de la familia Passaglia típica y predecible como no podía ser de otra manera.

Gracias a los que se creen impunes, la inmoralidad se ha vuelto como una suerte de impuesto violento, criminal y omnipresente, cuya influencia intenta afectar a nivel personal y social a la justicia, a un fiscal y una investigación judicial.

Un factor que perpetúa la vorágine de violencia con la que se manejan algunos con nombre y apellido intenta debilitar a las instituciones del estado y al orden público y eso es la corrupción, que también ocasiona que muchos hombres y las ciudades que dominan se conviertan en bastiones criminales. Hasta que se rompa la cadena de complicidad y los silencios, será muy difícil que se logre terminar con el ciclo criminal, que ha penetrado a los mismos órganos del estado constitucionalmente creados para ser independientes.

Al tratarse de casi un crimen naturalizado por la sociedad, la corrupción y el poder un intendente basado principalmente en amenazas de violencia, denuncias y bajas denuncias, la inmoralidad de los corruptos es difícil de entender, de medir y de hacerse visible para el común de los ciudadanos.

Esta vez el intendente avanza contra las instituciones judiciales y pedirle a Manuel Passaglia un gesto de republicanismo es en si mismo un acto nulo. Estamos frente a un adolescente mal educado, arrogante de dudosa fortuna, que jamás ha pronunciado oído o siquiera buscado en el diccionario el término Repúblicanismo y aunque lo hiciera, no podría entenderlo y nunca va entender porque genéticamente perpetúa lo delictual como concepto de Estado. Nadie le explico jamás lo que significa la división de poderes en el estado de derecho, que es una noción que no se pide a muchos, pero SI es una condición indispensable para alguien que dice representarnos.

El como su familia amasaron una fortuna trabajando en el Estado. Todo se lo deben a una inexplicable sucesión de cargos públicos cortadas transversalmente por la administración de cuantiosos recursos y el desvío de los mismos en favor de empresarios acólitos y con los cuales siempre terminan discutiendo por dinero..

Manuel Passaglia no ataca a la justicia, lo cual es predecible, arremete con toda su furia contra un fiscal y su equipo, al tiempo que no va contra la justicia provincial ni va contra los jueces civiles; no va contra los jueces federales o los fiscales del fuero provincial a quienes los tiene como su apéndice para garantizar la impunidad, todos incapaces de tan siquiera cuestionarlos. “Esa” justicia tiene perfectamente claro que con los Passaglia nadie se mete, y las cientos de denuncias que circundan a la familia Passaglia nunca llegan a nada dentro de las fiscalías o los juzgados de nuestra ciudad. Pero hay un fiscal que ha sido el único funcionario judicial que se animó a romper el maleficio en una ciudad trazada por la corrupción, el atropello y el temor a la ira de los Passaglia.

Quién encabeza el Estado municipal No tiene reparo ni ecuanimidad en la proporción de fuerzas y a diario clava sus uñas contra la integridad de personas, la propiedad privada y hasta las mismas cuentas públicas con igual saña sin que nadie si siquiera se anime a mencionarlo por temor a las represalias de estos chicos.

El Fiscal, con mayúsculas, responde a una simple lógica que asombra a toda la justicia local, a la gente de a pie, y que no es otra cosa que investigar sin reparar en Nombres o cargos. Puede parecer algo atípico para un fiscal de los tantos que tiene nuestra ciudad, hacer lo que tiene que hacer, investigar con el mismo énfasis independientemente del poder detentado.

La dimensión de la hazaña Di Lello, es honrar el mandato que la Constitución le dio en una ciudad donde la ley hace la distinción más grotesca y por tal violenta, que consiste en investigar según la pertenencia política o el apellido.

Vaya Osadía!!! La del fiscal en una sociedad desacostumbrada a la verdad, a los límites, al republicanismo o a la equidad.

El Dr Di Lello se convierte a partir del ataque de la familia Passaglia, en un faro de la esperanza liberadora para mucha gente que ha sufrido en carne propia el brutal escarnio de Manuel y su familia. El Dr Di Lello se convierte a partir del ataque de la familia Passaglia, en un faro de la esperanza liberadora para mucha gente que ha sufrido en carne propia el brutal escarnio de Manuel y su familia.

La virtud de éste hombre de la justicia vista con asombro, se reduce a un historial simplemente comprobable, de ejercer la función para la cual está nombrado imponiendo como ya lo hecho, límites a otros intendentes de ciudades más relevantes gravitacionalmente en la política que la nuestra.

Esa formación y Curriculum que definen al hombre de ley pasaron inadvertidas para el intendente municipal que no lo leyó ni siquiera en un acto de simplismo reduccionista y mediocre que lo caracteriza, tomarse el trabajo de googlear para ver quién era, y quien es el hombre que osa reclamarle que rinda cuentas ante la justicia.

Un funcionario judicial intrascendente para la vida cotidiana de los nicoleños, se convirtió en visible a partir del cumplimiento de sus funciones, que curioso. Pero como si esto no fuera suficiente prueba, la arrogancia de este pésimo gobernante lo lleva a utilizar una herramienta remanida consistente en invalidar los procesos judiciales queriendo ensuciar al fiscal o magistrado que levanta la voz y las armas de la ley contra la corrupción, así de burda es su estatura moral e intelectual pocas veces vista en un intendente.

A este fiscal jamás lo van a entender los delincuentes que no conocen los límites del derecho ni por aquellos que se sirven del poder sin ser interpelado por nadie, con la única intención de incrementar sus arcas; por eso libran batallas palaciegas con todo el andamiaje para delinquir.

Este inmoral, incapaz de advertir la rectitud y el apego a la ley, es víctima de la enceguecedora arrogancia de Manuel Passaglia, que le impide ver a un hombre preparado y mejor formado en su puesto de justicia, lógicamente imperceptible para los que no llegaron a donde llegaron por méritos propios, sino por rosca política.

En el tablero de Manuel Passaglia hay una batalla contra el fiscal; pero en el escritorio del Fiscal hay una causa que debe ser esclarecida, caiga quién caiga.

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