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Solo, fané y descangayado. Tres palabras para un final

El hombre vencido. Un ex de todo; sin público, sin escenario y que se hizo famoso por desviar leche para niños cuando fue un deplorable ministro de salud.

Quienes gustan del tango conocen sin duda estos términos integrados, junto con otros de origen gauchesco y criollo, en el “lunfardo” que es la jerga barriobajera que surgió en Buenos Aires en la segunda mitad del siglo diecinueve entre la inmigración básicamente española e italiana. Configurado inicialmente como argot delincuente, pronto se incorporó al habla coloquial de las clases rioplatenses más humildes. Cualquier semejanza con la realidad del doctor es pura coincidencia: “Fané” significa ajada, descolorida, estropeada, marchita, venida a menos, mientras que “descangayada” o descangallada, que es palabra española procedente del gallego y del portugués, significa literalmente descoyuntada y también maltrecha, malherida, desvencijada. El tango de Enrique Santos Discépolo que lleva por título “Esta noche me emborracho” añadía en su primera estrofa “sola”, que no necesita aclaración alguna, para referirse a una mujer de la vida que se encuentra al final de su carrera.

Que mejor que el lunfardo y un tango para describir al Doctor; ademas de triste y viejo. El final anunciado, presagian algunos de los que supieron ser amigos cuando de monedas se hablaba. Un ex ministro con "chofer", austero con lo de los demás, pero común a todos los que practican como él las violencias domesticas. El hombre no tiene quien lo llame. Un ex de todo que no fue capaz de hacer historia en las grandes ligas, hoy camina vencido, marchito y venido a menos, y le toca pagar doble las facturas a todos aquellos a los que les hizo creer que el poder y el absolutismo eran para siempre.

En el cierre de listas, del 2019, Ismael era el candidato a Senador mas importante de la zona, sumado a la promesas de sus dos hijos que le habían guardado ese lugar para el hombre fuerte de Cambiemos. En aquellos tiempos respiraba tranquilo, relajado y con sus soberbias, pero no pudo ser. Esa fue la primera vez que el más poderoso de la ciudad empezaba a perder la coraza de acero e impunidad que los últimos treinta años le permitieron, entre otras cosas, amasar una fortuna.

Otro día triste, para el hombre, claro está, fue cuando a la vista de todos el gobernador bonaerense tomo las riendas del hospital y decidió correr a la gente de Passaglia de la dirección por los serios desmanejos de la Dra. Olocco y el concejal Petroni, que destruyeron de la mano de Ismael y junto a él, el centro de salud más importante de la zona. Ese glorioso día muchos respiraron aliviados, personal del hospital y vecinos que debían pedirle al hombre el favor de ser atendidos porque Ismael manejaba todo a su antojo, fue el segundo momento donde se desnudó al caudillo y sus prácticas.

Este sismo en el poder de la ciudad le trajo al hombre un cambio profundo de eje, desnudándosele al septuagenario caudillo una trama secreta de corrupción, que lo dejo al borde de la cárcel a él, al intendente y el diputado; hijo del Jefe político nicoleño, quienes amparados en sus fueros lograron eludir el convite para no ser llevados ante la justicia, por ahora.

Pero en estos días el veterano médico, recibido en Córdoba en el año 1968, ha perdido todo contacto con la salud, deambula como un león enjaulado por el falso “hospital” de la zona Norte (sin recursos) buscando despuntar el vicio de dar concejos médicos sin poder canalizar su curanderismo de feria.

El veterano cirujano no es más que un anciano que habla de campo, obras públicas, viviendas, y mira con recelo su alicaída fama de “sanitarista” local que no fue y que se licuó en una ciudad devastada por la pérdida de la calidad en los efectores de salud pública locales. Si hay algo que caracterizó a Ismael del 2002 en adelante fue la destrucción del sistema de salud local por ambiciones políticas personales, degradándolo hasta hacerlo incapaz de dar soluciones a miles de vecinos que no tiene posibilidades de ir a instituciones privadas.

Don Ismael como lo llaman por estos días, recorre desde muy temprano sus campos controlando la cosecha, en un auto de la municipalidad con nafta pagada por el estado al igual que toda su familia; de allí va a la cooperativa agrícola de “el Paraíso” donde acopia su cosecha, y vuelve a su casa violando todas las recomendaciones para alguien de su edad en esta cuarentena. Un médico sin jerarquía rodeado de aduladores y facinerosos adolescentes tardíos como sus hijos que solo le sonríen por el compromiso de un sueldo, y por sus sexistas chistes sobre las mujeres a las que nunca respetó.

El triste final de un médico que logró hacerse famoso por robar leche para niños, siendo ministro de salud, hoy en el ocaso sigue con sus trapisondas aunque, mas berretas que incluyen acosos, persecuciones, amenazas, o expropiación de cuanto inmueble puede por deudas que él y su familia le fabrican a muchos vecinos de la ciudad, está terminado una carrera opaca sin que siquiera pueda nombrar correctamente la abreviatura COVID-19, tal vez por la edad o quizá porque nadie considere esencial que lo pronuncie de manera correcta; lo cierto es que “el médico de la familia” como solía hacerse llamar esta viejo y vetusto, y hoy en la soledad más temida, no para de degradarse. Hoy ya nadie lo consulta en forma seria. Reparte órdenes que nadie cumple, sencillamente porque nada de lo que diga es relevante para un médico que no pudo curarse a sí mismo de la cleptomanía o la violencia que lo enajena y que realmente no le deja a los nicoleños otra cosa que la vergüenza de ser el gobernante más violento y corrupto de la historia de la ciudad.

Ya nadie habla de él, y aunque muchos lo hemos sufrido en carne propia, extraña saber que el hombre que supo cosechar poder en base al miedo, sólo ostente un exiguo saber, una pobre envestidura y que no tiene a quién mandar. Ahora que ya no puede caminar ni tiene a quién mandar, ni siquiera puede prohibir que se lo nombre en los grandes medios nacionales como corrupto.

Triste final para el Doctor: Sólo, fané, descangayado e imputado, pero eso si, con una fortuna varias veces millonaria en pesos y dólares de la plata pública.

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