¿Quien controla a los comisarios?

¿Quién es el verdadero comisario político del pueblo?

¿Como puede ser que con la ola en amplio crecimiento de robos e inseguridad en la ciudad, nada cambie?

¿Donde está el comisario Ayala?

Con la cantidad de robos y hechos que suceden a diario en las calles, se suma la falta de profesionalidad de la policía local; a tal punto que a la policía local le roban una moto y un patrullero de la misma base y el comisario sigue quedando.

¿Quién controla a los jefes policiales, los sostiene y los avala?

Por lo menos despierta sospecha que quienes deben controlar la seguridad de la ciudad, y que ampararían hechos irregulares como el de la trabajadora sexual y un grupito de amigos de Manuel en el autódromo, no hayan emitido una versión oficial de los hechos. Las sospechas de protección aumentan cuando nada se hace por el tema del aumento del narcotráfico en la ciudad, teniendo en cuenta que la familia en el poder está señalada por temas de faltas a la ley de estupefacientes, entre otras imputaciones e indagatorias.

No tienen la gorra pero algunos son ricos; igual que el que con el paso del tiempo se convirtió en un millonario patrón de estancia y hospitales y desde las sombras hoy logra seguir sometiendo bajo su poder a la mayoría de las instituciones del pueblo; y por qué no como aseguran, a los jefes de todas las fuerzas de seguridad.

Dicho de otro modo, todos saben quien domina a casi todas las instituciones de la localidad. Casi una practica dictatorial, pero para que eso ocurra, hace falta la connivencia con la policía, la justicia y los medios.

Lo cierto es que parece que "los comisarios" y jefes de las fuerzas de seguridad son virtuales. La familia decide que jefe queda, quien viene, quien se va.

Pero lo más importante son los miedos que la familia tiene hoy y de lo que ya escribiremos, pero lo cierto es que "con temor viven otros"; los protegidos de hoy.

"Te protejo para que me protejas"; así se manejan cuando se asiste a la degradación de la democracia y la política: el lumpen político, por el que nuestra progresía bienpensante del centro exhibe casi como una inenarrable pulsión de amor: "roban pero hacen... " y son -sobre todo- los que se han convertido en verdaderos miserables y en auténticos pelotudos de esos que llegan a la opinión antes que a la inteligencia.

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