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Un instante para que nos uniera la sonrisa y no el mal humor

Un hombre mayor veía cómo un perro de la calle se acomodaba sobre una bolsa de arena. Se acercó lo acarició y me miró sonriendo, también sonreí, no quedaba otra.

Entre tanta mala noticia, tantos días de obra para una sola calle que hace intransitable el centro, y tanto pronóstico desesperante, un simple y adorado perro de la calle nos hizo comunicarnos con un vecino al que no conocíamos.

Cuando no hay poesía ni amor en las calles frías de cemento, un hombre y el gesto de acariciar a un perro nos hizo olvidar por un momento el sufrimiento de tantos. Un instante, sólo hizo falta un instante para que la sonrisa y no el mal humor nos unieran.

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